viernes, 14 de noviembre de 2008

¿Por qué nos tratan tan mal?

Ayer tarde me acerqué a una sucursal de mi Caja. Por la mañana, había visto en la autopista el anuncio de una tarjeta de crédito que aportaba descuentos del 25% en el peaje. La información me pareció relevante, máxime en tiempos de crisis económica como los que padecemos. Entré en la oficina y me acerqué a Caja, pero un cartel informativo señalaba que el tipo de consultas que yo quería realizar se prestaban en el mostrador. En esos momentos una persona estaba siendo atendida por una empleada. Sus dos compañeros de Caja no atendían a nadie, pero parecían tan atareados que no me mostraron la más mínima atención. Decidí esperar mi turno.

Al cabo de cinco minutos, una segunda empleada sale de un despacho situado detrás del mostrador y me observa. Pone cara de fastidio y, enérgica, me pregunta: "¿Por qué no te acercas a Caja?". Sin dejarme contestar, continúa: "A ver, ¿qué necesitas?". Le contesto que había visto el anuncio de la tarjeta en la autopista y que me gustaría obtener información. Para mi sorpresa, me dice que la Caja fue la primera en sacar al mercado la citada tarjeta, pero que ahora cualquier banco la ofrece, y que puedo irme al mío. Le replico, todavía sorprendido, que tengo una cuenta en la Caja. Me describe en pocas palabras las características del producto y me pregunta si soy asalariado. Cuando le respondo que soy autónomo, finaliza: "Pues lo mejor será que te acerques a tu oficina, porque tendremos que evaluar tu riesgo como cliente".

Pacientemente, me dirijo a mi sucursal. Allí me encuentro con una empleada de trato más agradable, que sencillamente toma nota de mis datos y me pide que regrese a recoger la tarjeta cuatro días después. Parece que los 36 euros que cuesta no incluyen la entrega por correo.

Si les damos nuestro dinero, ¿por qué nos tratan tan mal?

2 comentarios:

Salomé dijo...

Evidentemente, porque nos dejamos!

Juanjo A. Gestoso dijo...

Pues, sí. Lo que ellos no saben es que jamás les confiaré otra cosa que no sea mi cuenta corriente. Para lo bien que me tratan, prefiero dar mis ahorros a otros que sean más considerados conmigo.